Este es un breve pero significativo análisis de lo que las mujeres llaman el “Hombre Ideal”. Aquel arroz con mango que ni ellas mismas podrían definir como ser humano pero que se esfuerzan por conseguir, la figura del Príncipe Azul más maricón que a nadie se le puede ocurrir. Existen algunas “extrañas” que suelen ser mas realistas con sus gustos pero ahora solo veremos el común de la chica limeña clase-mediera, aquella que se maquilla hasta para comprar cebollas en la bodega, que tiene una Pascualina (Artilugia o cualquiera de esas chibolas) en su cuarto y que le gusta Harry Potter. A continuación entramos a un sub-mundo poco o más complicado que el infierno de Dante Alighieri.
Número uno. Lo más importante son los sentimientos. Tiene que ser un chico que básicamente sea un Cariñosito. El lloró con el Rey León y el Jorobado de Notre Dame.
Número dos. Es todo un caballero. Tiene que actuar como esclavo, un poco más y se tendría que tirar al piso como alfombra. Hay seis pilares de la caballerosidad:
- Hace que ella pase primero en cualquier lugar, previamente abriéndole la puerta.
- Coge la silla mientras ella se sienta o espera que ella se siente primero.
- Al cruzar la pista, la coge de la espalda y con la otra mano para los carros.
- Andando por la calle, él camina al lado de la pista.
- Constantes referencias a su belleza y lo bonita que está “justo” ese día que se ven.
- El no habla lisuras ni raja de nadie.
Número tres. Es un pacifista. Nunca debe entrar en discusión con nadie, y si le pegan, dará la otra mejilla. Cuando le sacaron la vuelta el pidió disculpas.
Número cuatro. No es celoso. “Voy a salir con mis amigas” “Hoy voy al cine con mi ex”. A todo esto el responderá con un “Claro amor, ten cuidado” y una sonrisa de oreja a oreja.
Eso es lo que básicamente se define como un “Príncipe Azul”, la figura idealizada de los hombres. Pero existe una gran diferencia entre lo que “se quiere” y lo que “se hace”. Ahora si vamos a lo concreto, lo real, lo palpable. El típico enamorado en carne y hueso.
Número uno. Aspecto. Alto, blancón, ojos claros, agarrado, espaldón, piernón, y con un muy buen poto. Los sentimientos no importan, el tiene que ser un modelo. Si tiene carro excelente, y si es propio, no prestado de su papá, ya tiene prácticamente el 80% de la relación en el bolsillo.
Número dos. Jilero al 100%. El es caballero SOLO por que esta jileándose a la chica, y ella lo sabe. No sabe hablar, sabe coquetear y jilear. Las referencias a lo bonita que está esconden una verdad: “te verías mucho mejor sin eso puesto y echada en mi cama”.
Número tres. Agresivo y celoso. Mientras mas macho mejor. Le pega a todo el mundo si es que miran a su enamorada, si es que le pasan la voz, o si tan solo se paran a su costado. Le elimina contactos del msn, le borra números del celular, le prohíbe ver algunos amigos y la chica sólo debe salir a la calle si es con él.
Número cuatro. Recorrido. “Prefiero un chico que ya conoce la vida”. Ella sabe lo pendejo y poco maduro que es el tipo. Ya ha sacado la vuelta a otras chicas, pero, “mejor un sacavueltero que un mongo”. Existe una idea extraña de que “fue pendejo, pero ya sentó cabeza”. El peligro siempre estará latente, como un volcán.
En pocas palabras, el tipo tiene que ser lo mas cuero, rebelde y pendejo posible. Las chicas son esos seres tan extraños de los cuales paramos enamorados, pero que nunca entenderemos.
Es en este momento en el que yo debería concluir con alguna argumentación racional, pero nada en este artículo lo es, ni el título. No se puede esperar cordura en un manicomio. Por eso quiero citar a un grande, alguien que tiene las palabras exactas, y con esto, cerrar este escrito:
“Exijo una explicación”
Condorito
